Entradas con la Tag “recuerdos”

¡Olvídate de mí! Así se llamaba una genial peli… bueno, creo que sigue llamándose así, aunque me gusta más su título original Eternal sunchine of the spotless mind. En ella, la protagonista se hacía borrar parte de su memoria para así olvidar una relación algo complicada.

Yo la verdad es que a pesar de haber pasado momentos malos como la chica esta prefiero no borrar ninguno de mis recuerdos (ya el tiempo se encargará de ello… por desgracia) por malos que sean, pues forman parte de uno mismo, pero para quien no piense igual que yo está de enhorabuena.

Resulta que se está investigando un fármaco (o medicamento o droga o llámalo como quieras) cuyo objetivo es precisamente ese: olvidar. El fármaco en cuestión se llama “format c:”… no, es coña, jeje. Al parecer la encargada de borrar recuerdos es una molécula llamada la Alfa-CaMKII, pero lo curioso es que puede borrarlos selectivamente, sin tocar los demás ô_O.

La noticia salió publicada en el diario El Mundo hace un par de días, y todavía me parece curiosa, aunque, como suele darse en estos casos, seguro que el experimento no ha hecho más que comenzar, y se desvirtúa y acondiciona para que sea más impactante. Sé que estas cosas pasan porque he estado varios años compartiendo piso con químicos, uno de los cuales trabajaba en el CSIC, y cuando salía alguna noticia relacionada con su trabajo ocurría esto que os cuento, vamos, que se contaba la historia de un héroe cuando éste aun pedía el chupete.

Aun así, la noticia llama la atención, pero sobre todo, lo que me parece más intrigante es ¿cómo diferencian unos recuerdos de otros? ¿tenemos tablas FAT en nuestra memoria o algo así o qué?

En fin, yo no sé qué haríais vosotros, pero yo no creo que me borrase recuerdos (ya tienen que ser malos para siquiera planteármelo) y no es por quimifobia, es, sencillamente, porque borraría una parte de mí.

Recuerdo de la peli una frase que decía la fantástica Kirsten Dunst (me encanta la chica esta) atribuida a Nietzche: “BIenaventurados los olvidadizos, pues superan incluso sus propios errores“.

Esto, creo recordar que lo ví… mmm… ¿donde era?… ¡ah sí! en: hispamp3.

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Hace unos días participé en una conversación bastante nostálgica con mis compañeros de trabajo acerca de los juegos que jugábamos de críos en los recreos del cole y en la calle, cuando las tardes tenían más horas y los videojuegos no estaban tan presentes en nuestras vidas; cuando tu calle o urbanización no estaba tan masificada de coches y viviendas. ¿Recordáis esos juegos a los que jugábais con vuestra pandilla?. Yo, haciendo un esfuerzo mental, voy a comentar en dos entregas los que recuerdo con más claridad, con sus reglas básicas, y sus nombres. Las correcciones/aportaciones están permitidas. Los que hayáis nacido a finales de los 70 y principios de los 80, reconocéis más de uno:

Al Cielo, cielo, voy: típico juego de patio de recreo. Deformador de columnas y cervicales por doquier. Uno de los más bestias aquí listados. Dos equipos. Los componentes del equipo que la quedaba se agachaban en ángulo recto, formando una hilera de espaldas sobre las que los niños del equipo contrario tenían que aterrizar sin caerse al suelo. Creo recordar que una vez que estuviesen todos montados, se contaba hasta 30. Si el equipo de abajo era capaz de soportarlos a todos sin derrumbarse, se cambiaban las tornas.

Trompos, lima, canicas,Teje: reunidos todos ellos en un único epígrafe por ser parecidos: la puntería que debía tener el jugador para dañar/clavar/colar/apuntar lo que fuese en la zona de juego. Por norma general solían ser los más relajados en cuanto a esfuerzo físico.

Mosca, muda,quieta (también el pasillito, o mosca simplemente): para mí, el juego más bestia de todos los citados. Es un juego que se inventó para liberar tensiones entre clase y clase, seguro. A más de uno las divisiones con decimales lo ponía de mala ostia, con perdón. Sinopsis: un pobre chaval la quedaba, y debía pasar a través del pasillito formado por el resto de energúmenos anhelantes de carne fresca. Al principio pasaba despacio y sin hablar (de ahí lo de muda), intentando adivinar quién le propinaba la colleja. Si acertaba, la quedaba el seleccionado. Que fallaba en su acusación….¡¡pasillito, pasillito…!!…a cruzar a toda leche y con carrerilla el pasillito, con mucho cuidado de no perder la vida en ello. Muy bestia.

1,X,2: todo un clásico de los recreos. Lo único que se requería era una pelotita de papel de plata que se sacaba del bocata de chorizo que traía alguno de nosotros. Creo que el funcionamoento es bien conocido por todos: dar tres veces a la pelotita sin que cayera diciendo “Uno, equis, dos”. Al que le tocara dar el tercer golpe, tenía el poder de dirigirla hacia el que él quisiera. Si te daba la pelotita, tu objetivo personal (y vital) era llegar hasta el lugar escogido antes de que te lincharan a tortas en la cabeza. Éste, junto al anterior, eran los más crueles. Algunos lo empleaban para defogarse a base de arrearle tortas a otro.

Me parece increíble como jugando a estos juegos hemos llegado a la veintena de años. Por lo que veo cuando paso por un colegio, hoy sólo se juega al fútbol en los recreos de primaria. Una pena. Se ha perdido toda esta educación de supervivencia, ese entrenamiento diario que ni en el mejor de los cuarteles te pueden obligar a hacer. Cada día era una prueba que superar. Cuando llegabas a casa, te miraba tu madre diciendo “Estoy orgullosa de tí, eres un chico muy fuerte…”

Hasta aquí la primera entrega. Dentro de un par de días continuaré rememorándolos. Alguno que se me ha quedado en el tintero. Sed pacientes.

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Esa típica frase que te repetían una y otra vez tus padres cuando eras pequeño durante todo el año y más cuando se acercaba el día de Reyes para que te portaras bien y el índice de vandalismos se redujera aunque sólo fuera por unos minutos.

Qué bonito sería volver a recobrar esa ilusión que no te dejaba dormir bien esa noche. Esos nervios, ese despertarte a las 8 de la mañana y quedarte despierto en tu cama porque no podías ir al salón hasta que todos se hubieran levantado. ¡Maldito seas, hermano remolón!, pensaba.

Sé que esa ilusión vuelve a casa cuando aparece la siguiente generación de niños y tú te has pasado ya al lado oscuro de la mentira piadosa. Por ahora toca esperar y disfrutar de los regalos que te han traído los Reyes Magos de Oriente.

Y tú, ¿has sido bueno?

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