Sé que este relato llega con una semana de retraso, me disculpo por ello, ¡problemas de agenda! Allá voy:
El lunes 19 de Noviembre a las 10:30 a.m. aterricé en la capital de Asturias, esa tierra que siempre se nos antoja sinónimo de verde y que nos fascina, por lo menos a mí, ya que estamos poco acostumbrados a ver esos prados y llanuras monocromáticas por el sur de Iberia. ¿Qué hago aquí? Asistir a los Grupos de Trabajo de RedIRIS. Por cierto, mi primera vez.
Toda la jornada del lunes transcurrió entre encuentros, reuniones y charlas. Por la tarde nos dieron una vuelta express por el casco histórico, que es magnífico, y no lo digo por las dimensiones, porque está más o menos recogido en un kilómetro cuadrado.
Hermosas sus calles y bellos sus edificios iluminados por la noche. Hacía tiempo que no contemplaba semejante panorama. He aquí una muestra de lo que os hablo:

El martes era el día de regreso y de las compras y regalitos para amigos y familiares. Tenía todo el día para deambular solitariamente por Oviedo, pero la providencia divina, el destino o como queráis llamarlo hizo que me encontrara, entre las 220.000 personas que habitan allí, con la que fue mi compañera de despacho hace unos meses y amiga Elena. Aquí está retratada con la fabada que nos metimos entre pecho y espalda:

En fin, ¡una experiencia inolvidable! Me ha encantado Oviedo en las 48 horas que he estado en su seno. No dejéis de visitar Asturias y por extensión todo el norte de nuestra península, lo que he visto hasta ahora me ha fascinado. Yo lo tengo apuntado en mi agenda, en el apartado de cosas que hacer cuando tenga money, como tantas otras…



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