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Las comunicaciones móviles, algo que es tan habitual ya en nuestra sociedad, a veces nos pasan desapercibidas, pero…¿os imagináis que pudiésemos ver de alguna manera las ondas eletromagnéticas como una especie de niebla blanquecina? No podríamos ni dar dos pasos por la cantidad de contaminación visual que tendríamos. Viviríamos sumidos en una blanca niebla tecnológica permanente.

Y es que, con la tecnología actual estamos literalmente envueltos por las ondas: la ondas generadas por red eléctrica, las ondas de radiofrecuencia, la red móvil, las de los electrodomésticos y más recientemente el wi-fi presente ya en casi todos los hogares y el bluetooth a más corta distancia (unos 100 metros tiene de alcance). Todo esto está flotando a nuestro alrededor.

En concreto los teléfonos móviles poseen multitud de leyendas urbanas que los acompañan casi desde que entraron en nuestras vidas: que si pueden producir chispas en la gasolinera, hacer caer aviones, que si provocan cáncer, etc. Todo es falso. Ni tienen mecanismos para producir chispas ni interfieren en el manejo del avión. Quizás si hagan interferencias con la radio de la aeronave, pero poco más. Como medida de precaución general, se recomienda reducir la duración de las llamadas y alejar los móviles del cuerpo.

Se cree también erróneamente que el microondas daña los alimentos o que nos puede provocar también cáncer a la larga,  pero sus ondas (con una frecuencia de 2.450 MHz) generan una simple agitación de las moléculas de agua que es la responsable de calentar el alimento. No lo contamina. Lo que sí es cierto es que ciertos utensilios de plástico o de metal pueden liberar toxinas al calentarse. Debemos usar siempre recipientes de plástico preparados para microondas o incluso de cerámica.

Otro bulo tecnológico es el que dice que los cactus poseen una tendencia natural a absorber las radiaciones de nuestro ordenador. Lo cierto es que tienen algo más de capacidad para absorber radiaciones electromagnéticas (su supervivencia en el desierto es una clara prueba de ello), pero no es suficiente para liberarnos de las radiaciones que emiten los monitores CRT. Mejor cambiemos el monitor por un LCD.

La Organización Mundial de la Salud dice que la radiación electromagnética no tiene riesgos demostrados para la salud humana. El único efecto conocido es un leve aumento de la temperatura en las partes del cuerpo que se encuentran en contacto con dichas radiaciones. En Nueva Zelanda, por ejemplo, las antenas repetidoras deben guardar 500 metros de distancia de los colegios. En nuestro país sé que también hay normativas que impiden que se coloquen antenas para la red móvil cerca de colegios, aunque no existe certeza científica de que sean nocivas para la salud, pero ya se sabe…más vale prevenir…

Los tribunales españoles además reconocen y constatan que estas antenas pueden producir daño moral a determinadas personas al obligarlas a vivir cerca de ellas, pero ya digo, no nos afectan más que las radiaciones solares que recibimos cuando pasamos un día en la playa y venimos como cangrejos hervidos. De eso, poco solemos quejarnos.

Leído principalmente de la web del Instituto de la Ingeniería de España y en este artículo de El País relacionado.

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Hoy voy a intentar desmentir ese conocido pensamiento popular de que el microondas, uno de los electrodomésticos más útiles que se han inventado, no es por sí solo una fuente potencial que pueda provocarnos algún tipo de cáncer.

Desde que vio la luz en el año 1947, han evolucionado relativamente poco. Se le han añadido más funcionalidades con el paso de los años y sus diseños han sido cada vez más innovadores (hasta he encontrado un microondas portátil ). Para los curiosos y ávidos de información, aquí se dan unas nociones sobre su funcionamiento.

He de reconocer que en mi casa hasta hace poco no había microondas por este mismo ‘bulo’. Aún recuerdo esas frías mañanas de invierno en las que tenías que poner el cazo con leche a calentar. Los 10-12 minutos de espera no te los quitaba nadie. ¡Qué frío!. Hace ya unos años pude contrastar informaciones con mi tío (que alecciona alumnos en el campo de la física en la Autónoma de Madrid), y aún recuerdo sus carcajadas al decir yo eso de “[...] es que el microondas provoca cáncer![...]“. Estaba equivocado, porque lo que puede llegar a ser peligroso son algunos elementos químicos presentes en los plásticos de los envases que contienen a los alimentos durante el proceso de descongelación o calentamiento (ya que éstos desprenden pequeñas partículas que comienzan a gotear a microscópica escala sobre la comida), no el microondas en sí como aparato. Sin embargo, ninguno de esos productos químicos es realmente cancerígeno, hasta la fecha.

Lo ideal para evitar riesgos: retirar los alimentos de sus envases de plástico y calentarlos en recipientes inertes como el vidrio pirex, cerámica, etc. El mismo problema se presenta al enfriar por lo que tampoco es recomendable guardar alimentos en plástico en el congelador, siempre se aconseja el uso de éstos materiales.

Ni uno solo de estos estudios ha podido demostrar un aumento de incidencia de los tumores realmente claro. Sólo habrá que esperar a que se realice.

Éstas han sido mis fuentes.

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