Cadena de ideas II (África).
cultura, curiosidad, historia 3 Comments »Ya hemos usado este formato de entrada en otra ocasión: encadenar ideas que lleguen a nuestra cabeza, para empezar hablando de la revolución industrial y acabar hablando del guano de murciélagos en cierta región de áfrica… por poner un ejemplo. En este caso se orienta toda la temática en África… más concretamente en Sudáfrica.
Pues hace unas semanas se estrenó Distrito 9, una peli que eleva un nivel la historia del Aparheit en Sudáfrica, introduciendo un elemento tan novedoso como es la presencia de seres extraterrestres. Aun no he visto la película, a pesar de le tengo ganas, y fueron precisamente esas ganas la que explotaron en otra dirección. ¿El Aparheit? Sé lo que es, pero me entró curiosidad y surgieron nuevas preguntas ¿cómo ocurrió? ¿consecuencias? y tal y tal.
Os resumo si no sabéis muy bien de qué se trata (algo muy probable con nuestro sistema educativo) que este hecho consistió en una segregación racista apoyada por una ley a manos de inmigrantes blancos (ingleses y descendientes de holandeses, llamados boers o afrikaaners) en Sudáfrica, entre 1944 y 1991, tristemente cercano en el tiempo. Supongo que si leemos más acerca de esta interesante historia reconoceremos a personajes que sí nos suenan, como el luchador por los derechos en Sudáfrica y primer presidente negro Nelson Mandela (Premio Nobel de la Paz en el 93), y descubriremos la lucha vivida allí, por el poder, la liberación, la riqueza y/o los derechos humanos, donde participaron no sólo los países a los que tocaba de cerca (por colonias, inmigrantes, países limítrofes, países codiciosos cercanos, simpatizantes), sino países tan lejanos como EE.UU. (como no iban a estar por medio en un conflicto ¬¬ ) y Cuba, historia sobre la que algún día tal vez me extienda.
Leyendo algo acerca de este país, veo como curiosidad que tiene tres capitales: Pretoria (administrativa), Bloemfontein (judicial) y Ciudad del Cabo (legislativa), y el papel de cada una durante el peridodo de segregación y la posterior liberación; y es entonces cuando por casualidad leo una referencia a una película que vi de pequeño, donde al parecer pueden verse ejemplos de dicha segregación. La película en cuestión es Los dioses deben estar locos.
Este curioso filme trata de una familia de la tribu bushman que un día reciben desde el mismísimo cielo un extraño regalo de los dioses. Al principio es acogido en extrañeza, pero pronto este regalo será deseado por todos, generando codicia y hasta violencia, lo que motiva a Xi a devolvérselo a los dioses, que le llevará por un camino donde conocerá a extraños personajes: los hombres “civilizados”.
Inmediatamente se me antojó verla (y la recomiendo fervientemente). Para muestra, los primeros 10 minutos de la peli, que más que hacer reír, esta parte da mucho que pensar (sobre todo a partir del minuto 5 o así).
Riéndome con la película me fijo en el divertido lenguaje de los bushman, un lenguaje llamado Xhosa (hablada por cerca de 8 millones de personas en Sudáfrica) cuyo habla incluye graciosos chasquidos de la lengua. Ya conocía este idioma, gracias a mi colega Josu (conocido cuando baja al Sur como “el oscuridad”), ávido amante de los idiomas (y conocedor de muchos). Escuchad el curioso idioma:
Este amigo mío me hablo además de otro de los 11 idiomas oficiales de Sudáfrica, el afrikaans, un lenguaje cuyo germen es el holandés (o neerlandés), llegado con los colonos holandeses, (conocidos posteriormente como afrikáners o boers) y enriquecido con el idioma local y otras lenguas. Estos holandeses llegaron con la colonización del área de uno de los lugares soñados por mí: el Cabo de Buena Esperanza.
El nombre de dicho accidente geográfico es precioso, y se llama así porque abría las puertas de una ruta marítima hacia la India, aunque anteriormente su descubridor, el portugués Bartolomé Díaz, le llamó “cabo de las Tormentas”. Al estar al sur de África, se cree erróneamente que es donde se unen los océanos Atlántico e Índico, aunque esto realmente ocurre algo más al sur, en el cabo de Agulhas.
Fue tal la importancia del descubrimiento que Bartolomé Díaz ha pasado a formar parte del maravilloso (para mí, por lo que representa) Monumento a los Descubrimientos, situado en Lisboa, a orillas del Tajo.
Ea, y ahora, a dormir.
















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