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Esta es la continuación de la entrada de hace dos días: Juegos infantiles (I).

Otros juegos con los que pasábamos las horas:

Bote: Era el típico juego de urbanización, entre los aparcamientos de los coches. Sólo se requería una botella vacía (de líquido, porque se le metía algún tipo de peso, especialmente piedras,…) y un área de juego consensuada. Como suele pasar, uno la quedaba, contaba hasta una cantidad para que los demás se escondieran y dejaba la botella de pie en su dominio. Después, se lanzaba a la búsqueda y captura del resto, siempre con cautela y con el ojo puesto en la botella. Si descubría a alguien, debía ir corriendo hasta la botella y decir (tocándola): “¡BOTE Menganito!”. Si acertaba, Menganito se sentaba porque había sido cazado. Así hasta que pillara a todos. En cualquier momento podía surgir de su escondite sin ser visto alguno de los no cazados y mandar la botella a 50 yardas de una patada. Así se liberaba a los ya cogidos y se reiniciaba el juego.

Visto: como suele ocurrir, la quedaba una única persona. Esta es una versión extendida del escondite. Se trataba de dar vueltas por dentro de la urbanización buscando al resto de los piltrafillas de tus amigos. Cuando veías a uno, tenías que decir “visto, $nombre_del_amigo” y se unía a tí en la búsqueda, pero sin ayudarte, como un lastre. Si lo hacías bien, pronto formabas una cadena humana con todos los que habías cazado. Siempre estaba la posibilidad de ser sorprendido por la espalda por alguno de los que faltaba y así romper la cadena, por lo que tenías que empezar desde el principio.

Frontón: nos bastaba una pelota de tenis y una pared. El objetivo: continuar la secuencia toque en el suelo, toque en la pared, siguiente jugador. Vamos, parecido a la pelota vasca de toda la vida. Así entrábamos en un bucle infinito hasta que alguno no llegara a darle o se comiera la pared por la inercia del movimiento.

Pelotazo: éste era un juego muy completo. El que la quedaba perseguía al resto por un recinto acotado (no muy extenso) con una pelota mediana de goma, de éstas que se pueden coger con una sola mano. Tenía que dar un pelotazo a uno de los otros que corrían y se escondían. Pocas tardes me he pasado yo quedándola…

Gavilán: el juego estrella en la piscina en verano. Uno la quedaba en un extremo de la piscina (a lo ancho, no éramos David Meca) y el resto en el otro. El objetivo era claro: atravesar la piscina sin que te pillara a tí.

Y así concluyo el repaso melancólico de los juegos de mi infancia. Hay muchos otros que no he mencionado, pero estos son los que recuerdo con más cariño. ¿Recuerdas tú alguno así?

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Hace unos días participé en una conversación bastante nostálgica con mis compañeros de trabajo acerca de los juegos que jugábamos de críos en los recreos del cole y en la calle, cuando las tardes tenían más horas y los videojuegos no estaban tan presentes en nuestras vidas; cuando tu calle o urbanización no estaba tan masificada de coches y viviendas. ¿Recordáis esos juegos a los que jugábais con vuestra pandilla?. Yo, haciendo un esfuerzo mental, voy a comentar en dos entregas los que recuerdo con más claridad, con sus reglas básicas, y sus nombres. Las correcciones/aportaciones están permitidas. Los que hayáis nacido a finales de los 70 y principios de los 80, reconocéis más de uno:

Al Cielo, cielo, voy: típico juego de patio de recreo. Deformador de columnas y cervicales por doquier. Uno de los más bestias aquí listados. Dos equipos. Los componentes del equipo que la quedaba se agachaban en ángulo recto, formando una hilera de espaldas sobre las que los niños del equipo contrario tenían que aterrizar sin caerse al suelo. Creo recordar que una vez que estuviesen todos montados, se contaba hasta 30. Si el equipo de abajo era capaz de soportarlos a todos sin derrumbarse, se cambiaban las tornas.

Trompos, lima, canicas,Teje: reunidos todos ellos en un único epígrafe por ser parecidos: la puntería que debía tener el jugador para dañar/clavar/colar/apuntar lo que fuese en la zona de juego. Por norma general solían ser los más relajados en cuanto a esfuerzo físico.

Mosca, muda,quieta (también el pasillito, o mosca simplemente): para mí, el juego más bestia de todos los citados. Es un juego que se inventó para liberar tensiones entre clase y clase, seguro. A más de uno las divisiones con decimales lo ponía de mala ostia, con perdón. Sinopsis: un pobre chaval la quedaba, y debía pasar a través del pasillito formado por el resto de energúmenos anhelantes de carne fresca. Al principio pasaba despacio y sin hablar (de ahí lo de muda), intentando adivinar quién le propinaba la colleja. Si acertaba, la quedaba el seleccionado. Que fallaba en su acusación….¡¡pasillito, pasillito…!!…a cruzar a toda leche y con carrerilla el pasillito, con mucho cuidado de no perder la vida en ello. Muy bestia.

1,X,2: todo un clásico de los recreos. Lo único que se requería era una pelotita de papel de plata que se sacaba del bocata de chorizo que traía alguno de nosotros. Creo que el funcionamoento es bien conocido por todos: dar tres veces a la pelotita sin que cayera diciendo “Uno, equis, dos”. Al que le tocara dar el tercer golpe, tenía el poder de dirigirla hacia el que él quisiera. Si te daba la pelotita, tu objetivo personal (y vital) era llegar hasta el lugar escogido antes de que te lincharan a tortas en la cabeza. Éste, junto al anterior, eran los más crueles. Algunos lo empleaban para defogarse a base de arrearle tortas a otro.

Me parece increíble como jugando a estos juegos hemos llegado a la veintena de años. Por lo que veo cuando paso por un colegio, hoy sólo se juega al fútbol en los recreos de primaria. Una pena. Se ha perdido toda esta educación de supervivencia, ese entrenamiento diario que ni en el mejor de los cuarteles te pueden obligar a hacer. Cada día era una prueba que superar. Cuando llegabas a casa, te miraba tu madre diciendo “Estoy orgullosa de tí, eres un chico muy fuerte…”

Hasta aquí la primera entrega. Dentro de un par de días continuaré rememorándolos. Alguno que se me ha quedado en el tintero. Sed pacientes.

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