Entradas con la Tag “infancia”

Es curioso como en el día a día empleamos expresiones y dichos que a veces no analizamos debidamente y comprendemos el por qué de su uso. Esto era frecuente cuando éramos un poco más jóvenes y aprendíamos más en tres horas en la calle con los amigos que en en las cuatro horas de Lengua Castellana que teníamos a la semana (obviamente esto es una exageración). Así, por ejemplo, en los numerosos partidillos que organizábamos (de esto Banyú guardará gratos recuerdos), cuando uno tenía la desgracia de recibir una humillante ‘cachita’ (dícese de la acción de introducir el balón entre las dos piernas de tu contrincante, saliendo lo más airoso posible del regate para adornarlo debidamente), se escuchaban voces relatando: “¡Ponte una sotana!”. Yo acabé acuñando esa expresión ‘porque sí’. Sería meses (o años) después cuando se me iluminó la bombilla y comprendí realmente su significado. Sí, ahora lo pienso y parece absurdo.

Otro ejemplo lo descubrí hace ya unos añitos, pero hace poco a vuelto a mi mente y quería dejarlo aquí plasmado. Se trata de la expresión (o liviano insulto) “tonto lava”. La escribo mal a propósito porque creía, inocente yo, que tenía algo que ver con la lava de los volcanes. Ni por asomo. La explicación real, que muchos de vosotros ya conoceréis, está relacionada con los roscones de Reyes. Transcribo:

La palabra tontolaba viene de que en los roscones de Reyes ponían un haba y un regalo, al que le tocaba el regalo le coronaban como rey de la fiesta, y al que le tocaba el haba tenia que pagar y le llamaban el tonto del haba, de ahí viene la transformación de la palabra, unida y sin h, hasta llegar a tontolaba.

¿Os ha pasado alguna vez algo similar? Si queréis conocer el origen también de las palabras “gringo” y “yanki”, pasaos por aquí.

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Hace unos días participé en una conversación bastante nostálgica con mis compañeros de trabajo acerca de los juegos que jugábamos de críos en los recreos del cole y en la calle, cuando las tardes tenían más horas y los videojuegos no estaban tan presentes en nuestras vidas; cuando tu calle o urbanización no estaba tan masificada de coches y viviendas. ¿Recordáis esos juegos a los que jugábais con vuestra pandilla?. Yo, haciendo un esfuerzo mental, voy a comentar en dos entregas los que recuerdo con más claridad, con sus reglas básicas, y sus nombres. Las correcciones/aportaciones están permitidas. Los que hayáis nacido a finales de los 70 y principios de los 80, reconocéis más de uno:

Al Cielo, cielo, voy: típico juego de patio de recreo. Deformador de columnas y cervicales por doquier. Uno de los más bestias aquí listados. Dos equipos. Los componentes del equipo que la quedaba se agachaban en ángulo recto, formando una hilera de espaldas sobre las que los niños del equipo contrario tenían que aterrizar sin caerse al suelo. Creo recordar que una vez que estuviesen todos montados, se contaba hasta 30. Si el equipo de abajo era capaz de soportarlos a todos sin derrumbarse, se cambiaban las tornas.

Trompos, lima, canicas,Teje: reunidos todos ellos en un único epígrafe por ser parecidos: la puntería que debía tener el jugador para dañar/clavar/colar/apuntar lo que fuese en la zona de juego. Por norma general solían ser los más relajados en cuanto a esfuerzo físico.

Mosca, muda,quieta (también el pasillito, o mosca simplemente): para mí, el juego más bestia de todos los citados. Es un juego que se inventó para liberar tensiones entre clase y clase, seguro. A más de uno las divisiones con decimales lo ponía de mala ostia, con perdón. Sinopsis: un pobre chaval la quedaba, y debía pasar a través del pasillito formado por el resto de energúmenos anhelantes de carne fresca. Al principio pasaba despacio y sin hablar (de ahí lo de muda), intentando adivinar quién le propinaba la colleja. Si acertaba, la quedaba el seleccionado. Que fallaba en su acusación….¡¡pasillito, pasillito…!!…a cruzar a toda leche y con carrerilla el pasillito, con mucho cuidado de no perder la vida en ello. Muy bestia.

1,X,2: todo un clásico de los recreos. Lo único que se requería era una pelotita de papel de plata que se sacaba del bocata de chorizo que traía alguno de nosotros. Creo que el funcionamoento es bien conocido por todos: dar tres veces a la pelotita sin que cayera diciendo “Uno, equis, dos”. Al que le tocara dar el tercer golpe, tenía el poder de dirigirla hacia el que él quisiera. Si te daba la pelotita, tu objetivo personal (y vital) era llegar hasta el lugar escogido antes de que te lincharan a tortas en la cabeza. Éste, junto al anterior, eran los más crueles. Algunos lo empleaban para defogarse a base de arrearle tortas a otro.

Me parece increíble como jugando a estos juegos hemos llegado a la veintena de años. Por lo que veo cuando paso por un colegio, hoy sólo se juega al fútbol en los recreos de primaria. Una pena. Se ha perdido toda esta educación de supervivencia, ese entrenamiento diario que ni en el mejor de los cuarteles te pueden obligar a hacer. Cada día era una prueba que superar. Cuando llegabas a casa, te miraba tu madre diciendo “Estoy orgullosa de tí, eres un chico muy fuerte…”

Hasta aquí la primera entrega. Dentro de un par de días continuaré rememorándolos. Alguno que se me ha quedado en el tintero. Sed pacientes.

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