Reducción a lo absurdo
humor 2 Comments »Una vez me contó un profesor una historia acerca del humor. Aprovecharé y la contaré.
Había una vez un un humorista muy bueno que sembraba humor y recogía risas en todo el mundo. Una vez llegaron unos extraterrestres curiosos que le preguntaron por “la clave del humor” y “cómo hacer reír” a lo que este gran humorista respondió: “la clave de hacer reír está en dejar en ridículo a alguien“. Los extraterrestres se fueron y como agradecimiento le dijeron que le “regalaban la inmortalidad”.
El humorista en principio no se lo creyó, pero una vez tuvo un fuerte accidente y no tuvo ni un rasguño. Al poco le ocurrió otro accidente, con igual resultado… lo que le hizo pensar un poco al respecto. Así hasta que llegó a provocar él mismo un accidente con víctimas mortales, por lo que fue acusado y condenado a pena de muerte por fusilamiento. Cuando estaban listos para disparar, se encasquillaron los fusiles y no pudo completarse el ajusticiamiento, dándole la razón al humorista, que no paraba de decir que no podía morir.
Se decidió entonces que fuera ajusticiado en la horca, y de nuevo insistió que era absurdo. Esta vez había algo de público espectante, y cuando se abrió la trampilla, la palestra se derrumbó, la cuerda cedió, y el humorista cayó tranquilamente sin un rasguño.
De nuevo iban a ajusticiarlo, esta vez por guillotina (sí, a veces la justicia es muy clásica). Y ahora había gran cantidad de gente viendo si moriría el humorista, que no paraba de reírse y jactarse de que no conseguirían matarlo. Así cayó la hoja y de repente, su cabeza se separó de su cuerpo inerte cayendo en la cesta.
Se escuchó entonces unas carcajadas desde algún lugar del universo.
Esta era la historia, y si no la has pillado a la primera, reléela, no sin antes recodar que “cómico es quien hacer reír; humorista quien hace pensar, y luego reír”.
Y es que a veces en el ridículo, en lo absurdo, en la exageración… es ahí donde se encuentra el humor. Un ejemplo del humor en lo absurdo es otra historia que me contó una amiga, historia que leyó en un libro sobre enfermedades psiquiátricas de un familiar (que es psiquiatra, no enfermo), donde aparecían algunas anécdotas.
La historia reflejaba el caso de una señora mayor que vivía sola en una casa. Ella decía que no podía dormir bien porque por las noches escuchaba ruido en su casa. La cosa fue llegando a más y se le dio una medicación, pero con las pastillas, la señora contó que veía que a su casa iba una tribu africana y se ponía a tocar el bongo y a danzar en su salón, mientras ella, atónita, lo veía.
El caso fue estudiado por varios psiquiatras que siguieron el tratamiento, complementándolo además con medicación para luchar contra esas alucinaciones, pero la señora decía que seguía viendo a la tribu, y que además cada vez le parecía más real. Entonces un equipo de psiquiatras decidió pasar la noche a ver si daban con la clave.
Para sorpresa y risas de todos, resulta que era verdad, una familia africana que vivía junto a la señora, como veía a ésta tan sola y triste decidió que todas las noches irían a hacerle compañía y a bailar para ella las danzas de su antigua tribu, aunque no le dijeron nada a la señora, lo que creó la confusión a ésta.
Que conste que esta historia es verídica.
Este tipo de humor absurdo (genial, por cierto) se lleva al cine con más o menos éxito, pero siempre encontrando un público que lo aprecia… más o menos. Un ejemplo positivo es películas como “El guateque“, de Blake Edwards, en una de cuyas escenas una fiesta de personajes sofisticados acaba convirtiéndose en una alocada fiesta de espuma ¡con un elefante junto a la piscina! ¡Qué se puede esperar si no de Peter Sellers!
Otro campo donde el absurdo está presente es en la publicidad, véanse anuncios de perfumes, entre los peores casos, o algunos bastante curiosos, como el de una campaña de refrescos que además se apoyan en las siglas WTF, que como casi cualquier internauta ya conoce, significan algo así como ¡pero qué demonios! (What the fuck!). He aquí el video en cuestión (youtube). El humor que pueda tener este absurdo ya lo dejo a la elección del lector.
En Matemáticas, reducción a lo absurdo es un método de demostración que partiendo de una determinada hipótesis se llega a una conclusión falsa, con lo cual se demuestra que dicha hipótesis también es falsa. En la vida real, reducción a lo absurdo puede ser todo lo que he contado hoy y más, o no, o puede que sí y no, no sé, es absurdo demostrar lo absurdo del tema, como absurdo es buscar sólo lo absurdo en lo absurdo… en fin, que me voy a hacer algo absurdo, como leer algún diálogo para besugos de Armando Matías Guiu:
- Buenos días.
- Buenas tardes.
- ¿Cómo están ustedes?
- ¿Ustedes… refiriéndose a mí?
- A usted.
- Pues somos unos ustedes muy solitarios.
- ¿Están ustedes solos?
- Ustedes no sé como estarán, yo, que soy usted, estoy más solo que un chorizo de Cantimpalo.
- Un momento, está usted equivocado.
- ¿Están acompañados los chorizos de Cantimpalo?
- No lo sé. Usted ha dicho textualmente: “Yo, que soy usted”. Y sin ánimo de interferir en su ego, que yo sepa usted es usted, pero jamás será yo.
- ¡Cómo que yo jamás seré yo!
- Yo, refiriéndome a usted, será yo, siempre que usted sea yo; pero yo, refiriéndome a usted, que soy mí, jamás será yo.
- O sea que yo debo de ser mí si no soy usted a pesar de ser yo. Pues yo no entiendo esto de usted ni de mí.
- Uno es uno siempre.
- Ahora llegan los unos. O sea que aquí estamos yo, que soy yo, usted, mí, usted que soy yo desde usted, yo que es usted desde usted, mí que debe ser un vecino musical y ahora para acabar de resolver los problemas llegan los unos. ¡El completo, vamos!
- No llegan los unos.
- Pues sí no son los unos serán los otros.
- Ni los unos ni los otros.
- O sea que llegan unos pero no llega nadie. ¡Que llegada más solitaria! ¿Les estaba usted esperando?
- Yo no espero a nadie.
- ¿También vendrá Nadie? ¡Jo! No vamos a caber tanta gente.
- Nadie no llega.
- Menos mal. Uno menos.
- Oiga, ¿sabe que usted es un complicado?
- ¿Yo? ¿Complicado yo? ¡Me llama complicado a mí, él que es siete u ocho personas a la vez!
- ¿Dice usted él refiriéndose a mí?
- ¡Ya vuelven los Mis! He dicho él refiriéndome a usted.
- De modo que yo para usted soy él.
- Perdone. Usted, para mí es usted y a veces usted es él.
- ¿Qué es él?
- Usted.
- ¿Y mí? ¿Dónde me deja usted a mí?
- Mí… Mi puedo ser yo desde mí. Usted no puede ser mí, desde yo.
- ¿Desde que yo?
- Desde yo-yo.
- Oiga, deje los juegos ahora que estamos en una conversación muiy seria. ¿A qué yo se refiere al decir yo-yo?
- Yo, soy yo. Usted es usted, pero como usted desde su yo es yo, y yo soy usted, para distinguirme de su yo me llamo yo-yo.
- ¿Usted se llama Yoyo? ¡Que divertido! Jamás conocí a nadie que se llamara Yoyo.
- ¡Dios! ¡Ya me ha bautizado de nuevo! Escuche, ¿usted sabe quién soy yo?
- Yoyo, ¿Yoyo Pérez, tal vez?
- Yo me llamo Agapito Martínez.
- Yo, no.
- ¿Usted no se llama Agapito Martínez?
- No, que va. Yo me llamo Fulgencio Pérez.
- ¿Usted no será pariente de Fulgencio Pérez?
- Mas que parientes, somos la misma persona.
- ¡Fulgencio, a mis brazos!
- ¿Me conoce?
- ¡Claro que le conozco! ¡Llevamos una hora hablando de de usted, de mí, de yo y de los unos! Cuente, cuente, ¿qué hace de mí?
- ¿Mí? ¿Mi a secas o Mi-mi?
- ¡Ha venido también Mimi! Ya estamos todos.
- Pues si están todos, me voy. Buenos días.
- Buenas tardes.
Si queréis más diálogos para besugos, ¡a pasar por aquí! Pero entre los reyes del humor absurdo, entre los que podría destacar Martes y Trece (cuánto hemos mamao de esta gente) o Faemino y Cansado (¡cordero!), destaco también este duo y su fantástico sketch, el del vaso y la jarra de agua… ¡genial Tip y Coll, cómo se puede sacar tanto de tan sólo un vaso y una jarra de agua!
Os presento en primer lugar al último que he conocido, y fue gracias a que una amiga ha conseguido un par de entradas respondiendo a una pregunta en un concurso, cuya respuesta era él:
En segundo lugar llega el más irreverente de los cómicos usamericanos que he conocido (por ahora): 
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