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Hace un par de años subí a Madrid para celebrar nuestra noche de brujas (y posterior día de todos los santos, a.k.a. “tosantos”) y el halloween usamericano. Aunque realmente fui para celebrar una festividad menos conocida que se celebra “casualmente” el mismo día: Samhain.

Todos sabemos que la noche de brujas es la noche previa a nuestra festividad de Todos los Santos, también conocido como el día de los muertos, un día que la Iglesia escogió en honor a los mártires, y que casualmente coincide con la festividad ya mencionada, el Samhain.

Y qué decir de Halloween, cuyo nombre procede de All Hallow’s Eve (Víspera del Día de los Santos), una fiesta que nos llega del EE.UU. con fuerza, aunque no sea originaria de allí. Todos conocemos ya de qué va el asunto, que si disfraces de monstruitos (el que no lo haga a diario), que si truco o trato, que si calabazas y demás, pero su origen real procede de nuestra fiesta de Todos los Santos y de Samhain.

Samhain_Autumn_FaceY al fin, ¿qué es Samhain? Pues es una festividad pagana, la más importante de todas, en la que se celebraba el fin de año celta. Una noche especial en la que se abría una brecha entre nuestro mundo y el mundo de los espíritus.

En dicha festividad se celebraba el final de la temporada de la cosecha (de hecho, su significado es “fin del verano“) y abría las puertas a un nuevo año celta. Según me contó mi amigo de Madrid, que de estos temas sabe tela marinera, era típico comer castañas, como para nuestro año nuevo lo es comer uvas, y en las puertas de las casas se ofrecían dulces típicos (¿no os suena a halloween?). Además, por su caracter de estrechar la línea entre nuestro mundo y el “otro mundo”, era el día dedicado a honrar a los muertos y a los espíritus, de modo que se trataba de invitar a los espíritus buenos y de nuestros antepasados, y alejar a los malos. De ahí viene la tradición de vestirse como un mal espíritu, para que éstos no te dañaran.

Así era para los celtas, y no cambió mucho con la romanización, pues el imperio adoptó esta tradición, que coincidía aproximadamente con una fiesta romana en honor a Pomona (diosa romana de la fruta, los jardines y las huertas) para celebrar la recogida de la cosecha. Esta festividad se caracterizaba por un elemento como es la manzana, popular (aunque no tanto como la calabaza o las castañas) hoy día en dicha fiesta.

Así formó parte de la cultura romana, como fiesta pagana, hasta su cristianización entre los siglos VIII y IX, cuando tras varios intentos, se trasladó la fiesta de Todos los Santos del 13 de Mayo al 1 de Noviembre. Así se aprovechaba una fiesta pagana (siempre cercana al pueblo llano) para el culto religioso.

Para que veais que es bueno y bonito conocer nuestros orígenes y nuestras costumbres, os animo a que investiguéis más en el tema. Luego andaréis por ahí reconociendo elementos de dicha festividad, y la asociaréis a su origen verdadero, no a uno ficticio y arificial. Y tal vez os suenen algunos de estos elementos, como las manzanas, gatos negros, escobas o calabazas; y  la mandrágora o las hojas de roble (hierbas típicas de estas fechas). Y no hablo de pasado, pues, actualmente sigue recordándose (no como lo hicimos aquella noche en Madrid, disfrazados de celtas) al celebrarlo los seguidores de movimientos neo-paganos como Wicca o Druidismo.

Y para acabar, contaros un par de curiosidades sobre la muerte.

  • Dicen que el alma humana pesa 21 gramos, pues cuando muere una persona, pierde justo ese peso.
  • Hace poco oí en la radio la noticia de que en no sé qué ciudad de EE.UU. habían hallado un cadáver que llevaba muerto en el balcón de su casa 4 días. Nadie se percató porque pensaba que era un adorno de halloween (muy muy currado, eso sí).
  • Sabemos que cuando morimos no lo hacemos al 100%, sino que la muerte es gradual (por ello tenemos la “muerte clínica” y demás). Pues resulta que cuando han muerto todos nuestros sentidos, aun nos queda el del oído y el de los sentimientos. El otro día un forense comentó en la radio que había visto llorar a un muerto, al escuchar algunos comentarios de su familia (-bueno, bueno, bueno, entonces ¿cómo repartimos la herencia del viejo?).
  • En algunos cementerios antiguos habían campanas en cada tumba, cuyo badajo se ataba al dedo del difunto. Así, si este seguía vivo, lo desenterraban. Para escuchar la campanita, sus familiares hacían turnos por velar por el difunto (o no tan difunto).

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