Rutina rutinae

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A veces, si uno se para a pensar por un momento, la vida no es más que la sucesión de acciones que se van encadenando una tras otra y si lo ponemos todo sobre un contexto temporal, aparecen ciclos de repetición diarios y una palabra que a casi nadie le suele gustar: la rutina.

Queramos o no, la rutina es parte de nuestra vida, a no ser que tengas un trabajo muy variopinto en el que no tengas dos días iguales. O que, estando en el paro, te lo montes de tal manera que cada día sea una nueva aventura para ti, totalmente diferente a la que viviste el día anterior.

No me malinterpretéis, no me refiero al sentido peyorativo de esta palabra. Actualmente soy bastante feliz, pero esta mañana, al despertarme a las 6:50 horas, he ido augurando los siguientes sonidos y escenas que iban a ocurrir en los minutos sucesivos: empezamos con la suave canción que me despierta todos los días; seguimos con la ducha diaria del vecino y sus silbidos aleatorios; a las 7:20 h el ruido infernal del camión de la basura que levanta el único contenedor que tengo justo debajo de mi ventana; luego el vecino que baja su toldo cada mañana con un sonido parecido al de la escena de la ducha de Psicosis pero con más parsimonia;el lindo atasco en el Paquito que me trago casi todos los días al ir al trabajo,…

La rutina está ahí y de veras pienso que esta sociedad nos hace ser rutinarios. En el poco tiempo que me queda libre al final del día me esfuerzo por hacer algo diferente y que sea remarcable: unas cervezas con los amigos, una sana carrerita de media hora, alguna peli que tengo pendiente, una buena receta que quiera cocinar, lo que sea.

Es muy difícil huir de la rutina. Lo que hay que hacer es saber manejarla convenientemente para que no mine ni tu vida en pareja ni tu vida laboral.

Quien diga que no tiene algo de rutina en su vida, o miente, o es Indiana Jones…

El Peñón de Gibraltar: la bella roca del sur

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Hace unos días que he vuelto de mi primer break de vacaciones veraniegas de este año. He hecho un pequeño recorrido por la desconocida (para mi) costa del sur de Cádiz. Desde Conil de la Frontera hasta Gibraltar, pasando por Vejer de la Frontera, Barbate, Zahara de los Atunes, Bolonia, Tarifa y Algeciras.

Me han encantado las playas que he conocido, los pueblos que he visitado y las gentes con las que me he topado. Pero de todo, lo que más me ha llamado la atención ha sido sin duda Gibraltar y su Peñón.

Hacía ya años que tenía apuntado en mi lista de lugares pendientes la visita a este trozo de roca británica. Me atraía la idea de cambiar de país simplemente atravesando una línea, esa que llaman La Línea de la Concepción. Y por fin lo he materializado.

Lo primero que uno asocia a Gribraltar aunque no haya estado allí son, al menos en mi caso, los monos, el Peñón, y la famosa frase “¡Gibraltar español!”.

La experiencia transcurrió más o menos de la siguiente manera. Nada más dejar atrás la cabina de la aduana (con el DNI es suficiente para entrar), lo estipulado fue echar un par de fotos a ambos lados de la inmensa pista de aterrizaje que te da la bienvenida. Por un lado se divisa perfectamente Algeciras, y por el otro la costa malagueña a lo lejos. Luego seguimos andando hasta el city center donde nos agenciamos un mapita en la oficina de información turística. Ya se percibía ese look de ciudad británica: licorerías cada 20 metros, gente muy dispar, polis con su casco característico,..

Aproveché ese momento inicial para contactar con Banyuken que se encuentra allí trabajando desde hace ya bastantes meses. Su mítica frase “Trabajo cobrando un sueldo de Londres a 2 horas de Sevilla” aún permanece en mi memoria. Lástima que se encontrara corriendo delante de un puñado de toros por el norte de la panínsula. Una pena. Aún así me recomendó telefónicamente que subiera al Peñón -cosa bastante obvia- y el jardín botánico, que es una de las joyas de la ciudad.

Lamentablemente, la visita al jardín botánico la haré en otra ocasión pues por la tarde teníamos que salir dirección Medina-Sidonia, y el tiempo apremiaba. Como dice uaozé, Teta y sopa no caben en la boca.

Mi principal objetivo era pues visitar el Peñón y patearlo de pe a pa. Hay dos formas principalmente de hacer dicha visita, bueno tres, pero si no quieres morir en el intento, recomiendo que se haga en teleférico o en furgo-taxi, pues subir y bajar andando tiene los suyo.

Nosotros nos decidimos por subir en teleférico y bajar andando. Mis rodillas se quejarían al final del día por esa decisión. Lo que bautizado antes como furgo-taxi son tipos con licencia oficial que te hacen el recorrido más característico del peñón en su furgoneta/monovolumen. Desconozco cuánto cobraban por ello, seguramente más barato que el trayecto en teleférico, pero juegas con el factor tiempo en tu contra, porque lógicamente ellos necesitan maximizar el número de viajes al día. Personalmente no creo que esa sea una buena manera de disfrutar de las vistas y lugares que el Peñón nos ofrece, que requieren una contemplación sin prisas.

La subida al Peñón en teleférico, con la visita a los monos, una audioguía y entradas para visitar los puntos de interés del Peñón (Cuenva de Saint Michael, las grutas del Gran Asedio,…) nos costó 19 libras por cabeza, que al cambio son unos 24 €. Había más paquetes turísticos entre los que elegir con distintos percios: incluyendo avistamiento de delfines, submarinismo, sólo subida, … Ni que decir tiene que aproveché para practicar mi inglés con la señora de la taquilla, aunque al final me delaté como españolito de a pie.

La subida fue espectacular. En poco más de 6 minutos te sitúas a unos 400 m sobre la ciudad de Gibraltar con estas vistas.

Todo lo que se encierra en esa instantánea es la bahía de Algeciras con la ciudad de Gibraltar debajo. La subida no es apta para gente con vértigo porque la verdad es que impresiona bastante.

Una vez arriba en el centro de visitantes, vimos a los famosos macacos a escasos metros. Estaban tranquilos, escrutando a los visitantes. Cualquiera diría que lo que realmente estaban haciendo era vigilarnos, en busca de alguna bolsa de plástico que ellos tienen íntimamente relacionada con comida. Nos lo avisaron antes de subir en varios idiomas, pero algún despistado siempre hay. Así que, nunca mejor dicho, se juntaron el hambre con las ganas de comer, y una de las monas emprendió un ataque relámpago sobre una guiri despistada, agarrándole la bolsa y tirando con fuerza hasta que se la consiguió quitar del brazo. Fueron unos segundos tensos, porque la mujer gritaba en su idioma y no parecía que no iba a acudir nadie de mantenimiento en su ayuda. Será algo normal allí.

Yo conseguí robar esta foto a la cría que pasaba por allí recogiendo las migajas que dejaban los mayores:

Luego, a un kilómetro hacia el sur del Peñón, se encontraba la cueva de San Miguel. Un lugar increíble que recuerda algo a la Gruta de las Maravillas de Aracena.

Más tarde seguimos caminando bajo un sol de justicia hasta la otra punta del Peñón, su cara norte, donde se encontraban las grutas excavadas por los ingleses para defenderse de los ataques y asedios varios que nuestros castellanos antepasados realizaron en pos de reconquistar este goloso trozo de piedra. Eran los túneles del Gran Asedio. Aún se encuentran los inmensos cañones apuntando a la Línea de la Concepción por los ventanucos excavados.

En definitiva, un bello lugar que si no conocéis aún, ya estáis tardando en descubrir.

Dependencia eléctrica

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Ayer llegaba cerca de las 12 de la noche a casa cuando vi que mi urbanización se encontraba totalmente a oscuras. Ni farolas, ni luces en las casas, ni nada. Sólo alumbraban los coches que pasaban para aparcar y algunas tenues velas que se apreciaban por los balcones. Le pregunto al segurata y me dice que no tiene ni idea, que acaba de entrar en su turno, pero que suponía que se trataba de una intervención en el generador eléctrico comunitario.

¡Vaya faena! Uso mi móvil a modo de linterna para ver por donde pisaba, vaya a ser que pisara un regalito oloroso brindado por algún vecino despistado y su mascota con un impecable tránsito intestinal. Llego a mi bloque y subo por las escaleras con mi improvisada linterna enfocando los peldaños. Silencio absoluto por las puertas por las que voy pasando. No hay tele, no hay vida. Entro por la puerta y voy a la nevera para beber algo de agua fría. ¡Mierda! Está calentucha. Saco los hielos medio derretidos del congelador. Se me caen algunos por el suelo de la cocina.  Me pongo de rodillas para averiguar dónde han caído. Mi gato, siempre sigiloso, me asusta porque noto su fría nariz oliendo mi oreja en actitud de bienvenida.  Recojo los hielos como buenamente puedo y me tomo mis vasos de agua medianamente fresca.

Aún no tenía sueño, pero imposible leer en esas condiciones. Bueno, pensé en tumbarme ya en la cama, sin poder encender el ventilador del techo y empezando a sudar como un cochino. “Está bien, voy a leer algunos post en el móvil”, pensé. Mojón para mí, NO electricity, NO wifi. Resignado, abro las aplicaciones de mi teléfono superinteligente en busca de algún juego que me entretenga mientras Morfeo sale del atasco y viene a por mi.

“La batería se está agotando: queda un 7%”

Nada, que no hay manera. Con los morros de un niño de 5 años tengo que cerrar el juego porque necesito el móvil como despertador para la mañana siguiente. Apago el teléfono y me pongo a pensar la verdadera dependencia que tenemos hoy en día de la electricidad y de cómo la echamos en falta cuando estamos en la obligada oscuridad.

Chute de optimismo

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He tenido la oportunidad de ver un vídeo que me ha enviado una amiga (gracias, Theure) que merece una entrada en este blog para que quede archivado y a mano para futuros visionados.

Es un vídeo largo -casi una hora de duración- pero que merece la pena verlo y no sólo una, ya os digo,  sino varias veces, siempre que tengas un día gris y sientas la necesidad de volver a sentirte bien contigo mismo y con tu entorno. Todo un chute de optimismo.

Sin más, paso a enseñároslo:

Emilio Duró – Optimismo e Ilusión 2.

¡Procurad sed felices!

Dibujos vespertinos

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En muchas ocasiones se da el caso en el que termino hablando con algún semejante de nuestra infancia. Divino tesoro. De aquélla época en la que sólo los privilegiados tenían un Amstrand o una NES para jugar a los videojuegos (yo me conformaría años después con una versión pirata de esta última que vendían en el bazar de mi barrio, ¡pero compatible!), mientras el resto jugábamos con las maquinitas de toda la vida.

Aquellos días en los que eras capaz de divertirte en la calle (también en el recreo, I y II) y no sólo jugando al fútbol. En mi opinión teníamos mayor capacidad de inventiva y de adaptación al entorno. Por ejemplo, asimilábamos en segundos las nuevas reglas de ese nuevo juego que los de mi cole me han dicho que juegan en su urba y que está to chulo.

Era otra época. Eran otros tiempos. Si nos centramos en la televisión, fuimos la generación que vivimos en directo como empezamos a sintonizar las nuevas cadenas: A3 y T5. Con sus novedosos programas y sus series importadas. Luego vinieron las cadenas autonómicas. Campeones, Chicho Terremoto, Bola de Dragón, Caballeros de Zodíaco, X-Men… un largo etcétera. Todas ellas nos han inculcado unos valores que nos han marcado de por vida, porque, a pesar de la violencia que algunos tenían, no nos hemos convertido en delincuentes ni propinamos palizas por la calle al primero que nos encontramos con gafas…

Era un gustazo venir del cole por la tarde y poderte sentar a ver alguna de estas series mientras merendabas, antes de hacer los deberes. Desgraciadamente, ese espacio vespertino ya no pertenece a los niños, si no al marujeo indiscriminado, que es lo que da audiencia y lo que lleva a este país a la ruina. Sí, en la TDT hay canales de dibujos 24h…pero no es lo mismo. Antes se nos tenía más en cuenta. Se pensaba más en nosotros a la hora de realizar la programación de una cadena (hablo de cadenas generalistas, claro). Ahora da igual. Se llena la pantalla de vidas vacías de personas mediocres que interesan a gente aburrida.

Todo este sermoncete viene a colación del siguiente vídeo que descubrí recientemente. En siete minutos ininterrumpidos, un chaval y su guitarra hacen un repaso bastante curioso de las canciones de las series de la infancia, claro que, al ser norte de Europa (creo) pues hay algunas que no reconozco. ¡A disfrutarlo!

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