Hace unos días que he vuelto de mi primer break de vacaciones veraniegas de este año. He hecho un pequeño recorrido por la desconocida (para mi) costa del sur de Cádiz. Desde Conil de la Frontera hasta Gibraltar, pasando por Vejer de la Frontera, Barbate, Zahara de los Atunes, Bolonia, Tarifa y Algeciras.
Me han encantado las playas que he conocido, los pueblos que he visitado y las gentes con las que me he topado. Pero de todo, lo que más me ha llamado la atención ha sido sin duda Gibraltar y su Peñón.
Hacía ya años que tenía apuntado en mi lista de lugares pendientes la visita a este trozo de roca británica. Me atraía la idea de cambiar de país simplemente atravesando una línea, esa que llaman La Línea de la Concepción. Y por fin lo he materializado.

Lo primero que uno asocia a Gribraltar aunque no haya estado allí son, al menos en mi caso, los monos, el Peñón, y la famosa frase “¡Gibraltar español!”.
La experiencia transcurrió más o menos de la siguiente manera. Nada más dejar atrás la cabina de la aduana (con el DNI es suficiente para entrar), lo estipulado fue echar un par de fotos a ambos lados de la inmensa pista de aterrizaje que te da la bienvenida. Por un lado se divisa perfectamente Algeciras, y por el otro la costa malagueña a lo lejos. Luego seguimos andando hasta el city center donde nos agenciamos un mapita en la oficina de información turística. Ya se percibía ese look de ciudad británica: licorerías cada 20 metros, gente muy dispar, polis con su casco característico,..
Aproveché ese momento inicial para contactar con Banyuken que se encuentra allí trabajando desde hace ya bastantes meses. Su mítica frase “Trabajo cobrando un sueldo de Londres a 2 horas de Sevilla” aún permanece en mi memoria. Lástima que se encontrara corriendo delante de un puñado de toros por el norte de la panínsula. Una pena. Aún así me recomendó telefónicamente que subiera al Peñón -cosa bastante obvia- y el jardín botánico, que es una de las joyas de la ciudad.
Lamentablemente, la visita al jardín botánico la haré en otra ocasión pues por la tarde teníamos que salir dirección Medina-Sidonia, y el tiempo apremiaba. Como dice uaozé, Teta y sopa no caben en la boca.
Mi principal objetivo era pues visitar el Peñón y patearlo de pe a pa. Hay dos formas principalmente de hacer dicha visita, bueno tres, pero si no quieres morir en el intento, recomiendo que se haga en teleférico o en furgo-taxi, pues subir y bajar andando tiene los suyo.
Nosotros nos decidimos por subir en teleférico y bajar andando. Mis rodillas se quejarían al final del día por esa decisión. Lo que bautizado antes como furgo-taxi son tipos con licencia oficial que te hacen el recorrido más característico del peñón en su furgoneta/monovolumen. Desconozco cuánto cobraban por ello, seguramente más barato que el trayecto en teleférico, pero juegas con el factor tiempo en tu contra, porque lógicamente ellos necesitan maximizar el número de viajes al día. Personalmente no creo que esa sea una buena manera de disfrutar de las vistas y lugares que el Peñón nos ofrece, que requieren una contemplación sin prisas.
La subida al Peñón en teleférico, con la visita a los monos, una audioguía y entradas para visitar los puntos de interés del Peñón (Cuenva de Saint Michael, las grutas del Gran Asedio,…) nos costó 19 libras por cabeza, que al cambio son unos 24 €. Había más paquetes turísticos entre los que elegir con distintos percios: incluyendo avistamiento de delfines, submarinismo, sólo subida, … Ni que decir tiene que aproveché para practicar mi inglés con la señora de la taquilla, aunque al final me delaté como españolito de a pie.
La subida fue espectacular. En poco más de 6 minutos te sitúas a unos 400 m sobre la ciudad de Gibraltar con estas vistas.

Todo lo que se encierra en esa instantánea es la bahía de Algeciras con la ciudad de Gibraltar debajo. La subida no es apta para gente con vértigo porque la verdad es que impresiona bastante.
Una vez arriba en el centro de visitantes, vimos a los famosos macacos a escasos metros. Estaban tranquilos, escrutando a los visitantes. Cualquiera diría que lo que realmente estaban haciendo era vigilarnos, en busca de alguna bolsa de plástico que ellos tienen íntimamente relacionada con comida. Nos lo avisaron antes de subir en varios idiomas, pero algún despistado siempre hay. Así que, nunca mejor dicho, se juntaron el hambre con las ganas de comer, y una de las monas emprendió un ataque relámpago sobre una guiri despistada, agarrándole la bolsa y tirando con fuerza hasta que se la consiguió quitar del brazo. Fueron unos segundos tensos, porque la mujer gritaba en su idioma y no parecía que no iba a acudir nadie de mantenimiento en su ayuda. Será algo normal allí.
Yo conseguí robar esta foto a la cría que pasaba por allí recogiendo las migajas que dejaban los mayores:

Luego, a un kilómetro hacia el sur del Peñón, se encontraba la cueva de San Miguel. Un lugar increíble que recuerda algo a la Gruta de las Maravillas de Aracena.
Más tarde seguimos caminando bajo un sol de justicia hasta la otra punta del Peñón, su cara norte, donde se encontraban las grutas excavadas por los ingleses para defenderse de los ataques y asedios varios que nuestros castellanos antepasados realizaron en pos de reconquistar este goloso trozo de piedra. Eran los túneles del Gran Asedio. Aún se encuentran los inmensos cañones apuntando a la Línea de la Concepción por los ventanucos excavados.

En definitiva, un bello lugar que si no conocéis aún, ya estáis tardando en descubrir.
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