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Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem
O lo que es lo mismo, “No ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias”. Esta es la frase sobre la que gira esta corriente filosófica que, según la wikipedia, se puede describir como un tipo de razonamiento basado en una premisa muy simple: en igualdad de condiciones la solución más sencilla es probablemente la correcta.
El origen de este pensamiento parece estar en un fraile de origen inglés llamado Guillermo de Ockham allá por el siglo XIV, y ya bastante usado en la bonita Edad Media.
Es un pensamiento que se usa como complemento a la lógica para conseguir reducir la complejidad de las acciones a la máxima simplicidad.
Pongamos un ejemplo para que entendamos mejor en qué consiste todo ésto. Imaginad que alguien nos para por la calle y nos pregunta la hora. ¿Cuál puede ser la razón?
- Al hacernos mirar la hora conseguirá que le perdamos de vista y nos secuestrará para llevarnos a su guarida secreta, entrenarnos y convertirnos en un nuevo super-héroe secreto que salvará este mundo de la llegada del mal absoluto.
- Necesita saber la hora y no tiene un reloj a mano.
Ambas opciones explican este hecho, pero la navaja de Occam nos daría como elección la segunda, ya que la primera hace uso de una complejidad mayor. Obviamente, ésto es una exageración, pero creo que deja claro en que consiste esta corriente.
La navaja de Occam se suele usar y concretar para casos por separados, habiendo diferentes postulados para la economía, lingüística, creacionismo o teología. Uno de estos campos a los que se aplica y el que más nos interesa aquí es al de la informática, y curiosamente es algo de lo que ya hemos hablado aquí. Se enfoca a las páginas y portales web, y viene a decir que cuanto más simple y sencillo sea, mejor, o dicho de una forma más agresiva, “Keep it simple, stupid!“, lo que traducido a nuestra bonita lengua significa “Mantenlo simple, estúpido”. Es decir, uno de los principios de la usabilidad web.
Como toda teoría filosófica, tiene muchos detractores, y ésta tiene el honor de tener en su contra a grandes pensantes como Leibniz (”Todo lo que sea posible que ocurra, ocurrirá”), Kant (”La variedad de seres no debería ser neciamente disminuida”) o mi preferido, Albert Einstein:
A duras penas se puede negar que el objetivo supremo de toda teoría es convertir a los elementos básicos en simples y tan pocos como sea posible, pero sin tener que rendirse a la adecuada representación de un sólo dato de la experiencia. Simple, pero no más simple.
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Dos parejas reunidas en una casa de Madrid. El chico de una le está instalando el ADSL a la otra pareja en casa de esta última:
Chico 1 (dueño de la casa): Todavía no tengo acceso a internet.
Chico 2 (instalador): Vale, voy a llamar al router a ver si es problema de puertos.
Chica 1: ¿Que vais a llamar a Router a estas horas?, ¿no estará ya dormido?
Los otros tres: …………..
Visto en Recién oído.
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Quizás una de las frases más polémica de la historia de la ciencia. Quizás una de las frases más acertadas. Quizás una frase que jamás se pronunció.
Cuenta la historia que un científico, astrónomo, filósofo, matemático y físico, llamado Galileo Galilei, nacido en el Renacimiento, quiso revolucionar la ciencia. Nació en la conocida ciudad de Pisa en el año 1564 y, como muchos hombres de su época, intentó tocar todos los palos del conocimiento, e hizo muchos descubrimientos importantes para la humaniad, leyes e incluso mejoró el telescopio, herramienta que era el eje central de su curiosidad intelectual.
Todo en su vida hubiera ido bien, pero le dio por contradecir a la Santa Iglesia y atreverse a poner en duda los tratados sobre la vida que desde Roma daban como leyes absolutas inspiradas por un Dios onmipotente y onmipresente.
En aquella época, y como clara imágen de la superioridad del hombre ante el resto de la creación, la Tierra se consideraba el centro del Universo, y sobre el cual giraba y dependía el resto de las estrellas, planetas y sistemas. Ésto lo dijo Aristóteles muchos siglos atrás, y ya había sido acatado como verdad y no se debía poner en duda.
Galileo lo dudó, y gracias a las contínuas mejoras realizadas en el telescopio y a las noches y noches observando las estrellas y los planetas, probó que esta forma de ver el espacio era equivocado, y que no era la Tierra la que estaba en el centro, si no el Sol. Los geocentristas no aceptaban ésto, y no soportaban que se pusiera en duda, así que empezó una lucha de poderes dura, dado por un lado el prestigio científico de Galileo y el poder social de los que apoyaban la teoría geocéntrica.

En Febrero de 1616 sucedió lo que tenía que suceder, y el Santo Oficio convocó a Galileo para estudiar sus tratados y aplicarle la necesaria censura, pero gracias a que el Papa Urbano VIII protegía de alguna manera al astrónomo, no fue hasta 1632 cuando, tras unos años de intercambio de “insultos intelectuales” con sus detractoles, no puede soportar más la presión, y convocan de nuevo a Galileo, ya mayor y enfermo, a que, bajo amenaza de tortura, se retracte y confirme la teoría de Aristóteles en la que la Tierra es el centro, y no se mueve, si no que es el resto del Universo el que gira alrededor.
Galileo cede, y es condenado a prisión de por vida, y obligado a difundir un texto dando su brazo a torcer. Y es en este juicio, en ese momento, cuando se dice que, en voz baja dijo “…y sin embargo, se mueve”.
Según parece, y como hemos dicho al principio, esta frase quizás nunca se dijo, pero son aquellas leyenda que engrandecen una figura, un personaje y que nos hacen ver que lo que hoy en día nos parece lógico y normal, en otra época eran tomada como herejía.
“Creo que en la discusión de los problemas naturales, deberíamos comenzar no con las Escrituras, sino con experimentos y demostraciones.”
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Una de las mayores mentes del pasado siglo XX, y de toda la historia de la humanidad, Albert Einstein, era muy escéptico cuando se comenzaron a sentar las bases de la física cuántica.
Era el año 1925 cuando un científico austríaco, Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger, desarrollo una ecuación, denominada en honor Ecuación de Schrödinger, que describía la evolución temporal de una partícula masiva no relativista. Esta ecuación intentaba explicar, por tanto, la evolución de las ondas asociadas a una masa corpuscular, debido a la dualidad de la materia, descrita años antes por Broglie.

Esta ecuación introducía una variante probabilística a la hora de localizar la posición de una onda, por lo que para unas mismas condiciones, la ecuación podría dar dos resultados diferentes, es decir, dos posiciones distintas para una misma onda.
Muchos físicos de la época no estaban de acuerdo con esta afirmación y renegaban de ella, debido a su mente clásica y determinista. Y entre ellos, Einstein, que dijo esta famosa frase,
Dios no juega a los dados con el hombre
A esta frase han habido muchos otros pensadores que han querido contestar, como Niels Bohr que dijo, no sin algo de humor,
Deja de decir a Dios lo que tiene que hacer con el dichoso dado
También Stephen Hawking quiso responderle, afirmando,
Dios no solo juega a los dados, sino que a veces los lanza donde no podemos verlos
Para finalizar, una cita de Terry Pratchett, autor de ciencia ficción famoso por su Mundodisco, en su obra “Buenos Presagios”,
Dios no juega a los dados con el universo. Juega a un juego inefable de Su propia invención que podría ser comparado, desde la perspectiva de los demás jugadores [es decir, todo el mundo], con estar en una oscura y compleja variante del poker en una habitación oscura, con cartas en blanco, con apuestas infinitas y con un croupier que no te quiere explicar las reglas y que sonríe todo el tiempo.
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