Porque no hay dos sin tres…

  • Fastos y banquetes: Para celebrar, en el año 537, la consagración de la nueva iglesia de Santa Sofía, el emperador Justiniano ofreció un banquete que causó la matanza de más de 10.000 ovejas, bueyes, cerdos, aves de corral y venados. Un par de banquetes reales costaban a la reina Isabel la Católica tanto como patrocinar el primer viaje de Colón al nuevo mundo.
  • Mitos peligrosos: Cuidado con las creencias erróneas que siguen proliferando. Todavía muchas mujeres creen que tomar la píldora o usar cualquier otro tipo de anticonceptivo produce esterilidad, que durante el periodo de lactancia es imposible quedarse embarazada, o que la primera vez que se tienen relaciones sexuales con penetración no hay riesgo de embarazo.
  • ¡Chin-chin!: A principios del siglo XX, los marineros que frecuentaban el puerto de Cantón, en el sur de China, adoptaron una expresión de cortesía para dar la bienvenida. Era una mezcla de chino e inglés: tsing tsing. El protocolo dice que no se deben chocar las copas, sólo levantarlas. Ni se ha de hacer chin-chin, ni decir nada como suerte, salud o similar.
  • ¿Qué nos apostamos?: La lotería es tan vieja como el mundo. Se dice que ya se jugaba a algo parecido en el Arca de Noé. Los emperadores romanos se jugaban la posesión de sus esclavos y los piratas cortaban las cabezas de sus prisioneros según el resultado del juego. En España la instauró Carlos III; el primer sorteo se realizó el 10 de diciembre de 1763.
  • Erección automática: En 1863, el científico Eckhard demostró que la simple estimulación de los nervios sacros producía una erección automática, pero los indios ya lo sabían en el siglo XI. En los templos del Khajurabo hay una escultura en la que se muestra con toda claridad este punto de la columna vertebral y cómo estimularlo.
  • Lavando que es gerundio: Las primeras lavadoras datan de finales del siglo XIX. Se accionaban a mano haciendo girar la ropa en una cuba con agua. En 1908 el ingeniero norteamericano John Fisher construyó la primera eléctrica. Hoy existen en el mercado algunas que hablan y aconsejan sobre el programa más adecuado o cuándo añadir el suavizante.
  • Iguales pero no tanto: Algunos pueblos íberos y celtas de la Península practicaban la cuvada: el padre simulaba los dolores del parto y a él se le prodigaban los cuidados propios de  una parturienta, mientras que su mujer daba a luz en algún lugar solitario para engañar a los dioses y que éstos no se llevaran al recién nacido. Esta costumbre se sigue practicando hoy en Caribe, India y Nueva Zelanda.
  • Trabajo infantil: Alrededor de 250 millones de niños son forzados a trabajar en todo el mundo. Ningún país puede alardear de no tener niños trabajando. En España, la cifra aportada por el gobierno ronda los 220. Un estudio de UNICEF establece que la familia juega un papel esencial en el inicio al trabajo: es la que introduce al niño en el ámbito laboral a una edad de entre los 4 y los 12 años.
  • Amor hasta cierto punto: Nada más valioso para un jefe que un empleado abnegado y apasionado con su trabajo. Pero todo ha de tener un límite. Cuentan que el matemático Karl F. Gauss estaba un día tan concentrado en su trabajo que cuando le comunicaron que su esposa estaba a punto de morir, respondió: “Sí, sí, pero pídale que espere un momento a que acabe con esto”.
  • Leyendas poco fundamentadas: La leyenda que dice que Castilla tenía la obligación de pagar al harén de los califas de Córdoba 100 doncellas es completamente falsa, como asimismo lo son muchas de las cosas que se cuentan sobre este periodo en la Historia de España. En realidad, quien inventó semejante cuento fue el clérigo Pedro Mauricio, en el siglo XVIII.

Recordamos que todos estos recortes son de la década de los noventa (que ya ha llovido) por lo que los datos que a veces se muestran están a todas luces desactualizados, pero la verdad es que nos ayudan a tener una concepción más cercana del mundo en el que vivíamos.