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Hoy voy a hacer protagonista del presente post a un elemento propio de la cultura popular andaluza, que ha estado siempre inmiscuido en nuestras vidas, sigiloso pero desempeñando fielmente su cometido, sin que apenas nos hayamos parado a pensar cómo funciona y cómo es capaz de mantener el agua fresquita sin cable ni pilas.

Es bastante probable que el origen etimológico del término botijo proceda de la época romana pues por aquel entonces existía el término latino buttis, que significa batonel, y más tarde se utilizó su diminutivo butticula. Seguro que a alguno también le resultará conocido el término búcaro.

Su funcionamiento es bastante sencillo y se basa en la porosidad que adquiere el barro al ser cocido: el agua se filtra por los poros de la arcilla y en contacto con el ambiente exterior se evapora, pues suponemos que en el exterior hace una temperatura superior a los 30ºC. Esta evaporación implica un intercambio de energía (recordad esa famosa ley de la Física. “La energía ni se crea ni se destruye…”), ya que el agua que se evapora (llamada agua exudada) requiere un aporte extra de energía para poder cambiar a dicho estado gaseoso porque únicamente con la temperatura del ambiente no es suficiente. Pues bien, esa energía la toma del resto de agua contenida en el botijo, haciendo que la temperatura global de sistema baje. Dicho en términos algo más precisos, hace que se disipe la energía térmica del agua del botijo.

Este fenómeno es el llamado refrigeración por evaporación y se presenta en otras muchas situaciones como pueden ser: el regado de las calles en verano para refrescar el ambiente, al ponernos una compresa de alcohol para disminuir la fiebre, cuando sudamos y al evaporarse el sudor refrigeramos nuestro cuerpo, el acto de refrigeración canina cuando sacan la lengua, etc.

Con este proceso físico se produce un enfriamiento que deja el agua a una temperatura ideal para la fisiología humana, de alrededor de unos 20ºC. Las condiciones óptimas para un rápido enfriamiento es que sea un clima seco, pues la humedad en el ambiente disminuye la eficacia del botijo. Además pensad en toda la energía que estáis ahorrando si sustituís las botellas de agua fría de la nevera por un buen botijo en vuestra encimera. El planeta os lo agradecerá.

Extraído en parte de aquí y la imagen la he encontrado en este blog.

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7 comentarios en “El efecto botijo”
  1. Bitacoras.com dijo:

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Hoy voy a hacer protagonista del presente post a un elemento propio de la cultura popular andaluza, que ha estado siempre inmiscuido en nuestras vidas, sigiloso pero desempeñando fielmente su cometido, sin que apenas nos haya….

  2. Banyú dijo:

    Nada como un buen búcaro en veranito tras hacer deporte.

  3. jaxxrenton dijo:

    Y que lo digas macho…

    ¿Recuerdas el que había en el bar del Gabi? Qué recuerdos…

  4. Antoniojezu dijo:

    Decidido. Me voy a comprar un búcaro. Zalu2.

  5. alfonso dijo:

    Cuando trabajaba en el campo no había nada mejor, recuerdo que teníamos dos búcaros, uno grande y otro más pequeño, para mayores y niños, búcaros para todos. A mi me parecía mágico, en pleno mes de agosto meter ahí agua que estaba casi caliente y al poco tiempo se convirtiera en agua muy fría. Voy a tener que pensar en comprarme uno, por los viejos tiempos.

  6. uaozé dijo:

    jeje… nosotros en el club de piragüismo tenemos uno. :D

    Recuerdo además que cuando trabajaba en el campo también teníamos uno, pero claro, estabas trabajando y el búcaro se quedaba al final de cada liño (fila de vides), lejos, y no podíamos parar de trabajar, ni beber hasta llegar adonde estaba el búcaro. Lo llamábamos “la ley seca” :P

  7. Rafa dijo:

    Yo ando detrás de un botijo desde hace mil, no hay nada más auténtico :D

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